sábado, 15 de noviembre de 2008

La Cumbre del G-20


Manuel Ureste / Diplomacia Exprés
En España tenemos un dicho para este tipo de situaciones: “si hay que ir se va, pero ir ‘pá ná’ es tontería”. Pues bien, aunque la Cumbre del G-20 en Washington no es desde luego ninguna tontería, sí que existe la razonable duda de que, en efecto, sirva para algo más que acordar una especie de hoja de ruta para la vida después de George W. Bush.
Es cierto, las esperanzas y expectativas puestas en este encuentro entre la ‘cremme de la cremme’ mundial son grandes. Pero más grande aún puede ser la decepción. Y si no, ahí tenemos ejemplos de cumbres como la de Annapolis, celebrada en diciembre del año pasado a tres bandas entre Estados Unidos, Palestina e Israel, y que resultó ser una nueva parada a ninguna parte en la historia interminable del conflicto en Oriente Medio.

"No podemos dejar a un lado
que Obama no va a estar presente
en esta Cumbre. No puede haber
dos presidentes de Estados
Unidos a la vez..."

Pues bien, la Cumbre del G-20, que por cierto ni siquiera es exactamente un ‘auténtico’ G-20 -España y Holanda, por ejemplo, no forman parte de este club-, parece muy probable que va a tener el mismo resultado que Annapolis: sentarse a negociar que se van a volver a reunir. Y poco más.

Porque seamos realistas, en primer lugar poco puede salir de una reunión con tanta gente, con tantos temas que tratar y, sobre todo, con tan poco tiempo por delante (tres horas para reflotar el capitalismo y salvar al mundo).
En segundo lugar, no debemos dejar a un lado el hecho de que Obama no va a estar presente en esta reunión. No puede haber dos presidentes de Estados Unidos a la vez, se ha cansado de repetir estos días. De hecho, ni siquiera desea convertirse en un interlocutor de los asistentes en paralelo a la reunión.

Por lo tanto, la responsabilidad de esta cumbre recae, aparte de en la Unión Europea, en las figuras de Bush y Sarkozy, dos presidentes con el crédito político seriamente agotado, sobretodo el primero, y a los que se le acusa, especialmente a Bush de nuevo, de ser los responsables de la crisis actual.
"La Cumbre del G-20 puede
servir para hablar de las decepciones
y para poner los puntos
sobres las íes..."
¿Qué podemos esperar entonces de esta reunión en Washington? Bien, más que soluciones ideadas para salvar los muebles a medio o largo plazo -más bien para largo-, la cumbre del G-20 en Washington puede servir para hablar de las decepciones, de los ‘batacazos’, y para poner sobre la mesa qué es lo que se ha hecho y se está haciendo mal. Debe servir, por tanto, para poner los puntos sobre las íes de una vez, y hablar de las responsabilidades que cada quien hemos -o han- tenido en este ‘desaguisado’ financiero de consecuencias palpables en las Bolsas de Valores de todo el mundo y en cualquier tienda de abarrotes de la esquina.
Así las cosas, tendremos que esperar al menos hasta el 20 de enero. Porque cuando va a empezar el trabajo en serio sobre el nuevo orden financiero y comercial va a ser con la Administración Obama.

Y es cierto, el devenir del mundo no tiene tiempo para esperar eternamente al demócrata. Pero no me digan -y vuelvo a acudir al refranero español-, que el hecho de que Bush presida una cumbre sobre la crisis económica internacional no es como “poner a la zorra a cazar en el corral”.

2 comentarios:

Al-Duende dijo...

Lo es totalmente, lo de la zorra. En este asunto pasará como en tantos en los últimos 200 años de historia. Quienes hemos defendido una posición a la izquierda tendremos el respaldo de los acontecimientos, pero a toro pasado y cuando ya todo el mundo reclama para sí unos "avances" que, en suma, se han incorporado a las tesis de la corrección política.

Pero, ea, nene: unos tiramos del carro, y otros se enganchan a los logros. Llámale amargura de la experiencia de historicismo progresista.

Fernando Ruiz dijo...

Interesante. A ver si la agenda periodística de Diplomacia Exprés se da un tiempo para dar un vistazo a la APEC. Saludos.