viernes, 11 de febrero de 2011

"Los jóvenes árabes ya tienen su lugar en la Historia; han conseguido algo inimaginable"


PRIMERA PARTE

Se acabó. Muhammad Hosni Sayyid Mubarak, más conocido como Hosni Mubarak o 'El Faraón', abandonó el poder tras las históricas protestas multitudinarias que, durante 18 días, abarrotaron la plaza de la Libertad en El Cairo y las principales ciudades de Egipto. Eso, a pesar de que la misma noche de antes el dictador advirtió que no aceptaría presiones del extranjero en un discurso donde se aferraba descaradamente al poder. Sin embargo, lo que Mubarak no aguantó fue la presión del pueblo. De su propio pueblo.

"Estamos ante un claro parte aguas en Oriente Medio", asegura José Alberto Moreno Chávez, licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Doctor en Historia por el Colegio de México (COLMEX), quien analiza en entrevista el horizonte inmediato del nuevo Egipto pos Mubarak, y quien, a pesar de la euforia y la alegría del momento, advierte que "una verdadera democratización no tendrá lugar hasta que el Ejército vuelva a los cuarteles y deje el gobierno en manos civiles". De lo contrario, insiste, Egipto puede convertirse en una democracia ad hoc."No basta con que se celebren elecciones. Debe haber una transición dentro del Ejército para que exista una verdadera democratización en Egipto y en todo Oriente", afirma Moreno sin dejar de reconocer la valentía de la calle. "Los jóvenes ya tienen su lugar en la Historia. Han logrado algo inimaginable".

"Por ahora, Egipto no tiene un líder de futuro. El poder está en manos del pueblo"

Al fin, después de 18 días de constantes protestas en Egipto, Hosni Mubarak ha decidido abandonar el gobierno y deja la suerte del país en manos del Ejército. Ahora todo es júbilo y alegría en la calle. Sin embargo, ¿qué podemos esperar tras su salida?

A raíz de la salida de Mubarak del poder podemos esperar varios escenarios. En primer lugar, uno donde Omar Suleimán sea una suerte de 'ejecutor de transición', lo cual podría generar a mediano plazo que se convocaran unas elecciones en septiembre. Llegado este momento, se debería plantear qué fuerzas políticas participarían en estas elecciones y, sobre todo, qué papel jugaría el ejército en las mismas.
El otro escenario que podría tener lugar tras la salida de Mubarak, sería el reforzamiento del aparato represivo egipcio en la figura de Suleimán como alguien que tome el poder aprovechando la situación a pesar de las protestas populares. Si esto sucediera, veo otros dos escenarios posibles: o bien se calman las manifestaciones, o bien la situación desemboca en una guerra civil o un conflicto mayor. Por lo tanto, estos serían los tres escenarios posibles: transición hacia la democracia, continuidad del régimen egipcio en la figura de Suleimán, o guerra civil.
Sin embargo, no podemos obviar el poder que ha obtenido la gente al manifestarse en la calle y al lograr la renuncia de Hosni Mubarak. Con ello han logrado algo inimaginable hace un par de meses y con ese empoderamiento no será tan fácil para las fuerzas políticas imponer reglas en donde el pueblo no esté de acuerdo.

Ahora todo queda en manos del Ejército. Sin embargo parece que en la población existe una cierta inquietud. ¿Cuál cree que será su papel? ¿Favorecerán una transición ordenada que desemboque en unas elecciones libres el próximo mes de septiembre?

Es difícil dilucidar en este momento cuál será el papel del ejército. Podemos ver dos escenarios probables: en el primero, el ejército se mantiene como garante del Estado y del régimen haciendo una reforma light y nos enfrentaríamos hacia el gatopardismo. El segundo escenario más optimista es en donde el ejército co-ayuda a hacer la transición, compartiendo el espacio político con los civiles.
Ahora, no debemos olvidar que el régimen egipcio es esencialmente militar y probablemente no dejen de improvisto los puestos claves en el gobierno. Para consolidar una transición democrática completa, el ejército debería regresar a los cuarteles y dejar el gobierno en su totalidad en manos de civiles, pero este es un escenario demasiado ambicioso para que se dieran en un corto plazo.
De cualquier manera, y eso se relaciona a la pregunta anterior, el poder que ha obtenido hoy el egipcio de a pie, hará que cualquier maniobra en donde no estén de acuerdo se enfrente a una fuerte oposición y manifestaciones. Sin duda este elemento complejiza cualquier negociación cupular, por lo cual le será más difícil obviar las demandas populares.

"Celebrar elecciones no es suficiente; es necesaria una transición dentro del Ejército para que haya una verdadera democratización"

¿Realmente está preparado Egipto para una democracia?

Yo creo que sí. Si la calle está demandando democracia, es visible que sí están preparados y que son capaces. Negarlo me parece que es adoptar una postura colonialista en donde pareciera que por ciertos rasgos culturales o incluso genéticos los pueblos árabes o de Oriente Medio fueran incapaces de hacer cambios de régimen democráticamente. Sin embargo, se está viendo que son tan capaces que así lo están demandando, por lo que no se trata de una cuestión cultural sino ciudadana.

"Es difícil dilucidar el nuevo papel del Ejército; pero no podrá obviar las demandas populares"

Tras la salida del dictador, ¿ve algún personaje clave que pueda asumir el liderazgo del país?

Por el momento, en las manifestaciones no ha habido un líder. No sabemos si Wael Ghonim (bloguero ejecutivo de Google que salió recientemente libre tras ser detenido por la policía del régimen), puede ser considerado como un líder o como flor de un día. Mohamed ElBaradei (premio Nobel de la Paz) me parece que tampoco es un líder, porque ha pasado muchos años fuera de Egipto. Es casi un desconocido en su país; no tiene una base popular y regresó en una manera ciertamente oportunista, aprovechando la situación. Por lo que no podríamos hablar de un líder de futuro para el país. Por ahora, lo que estamos viendo es que el poder reside en una masa popular donde no hay una figura que destaque por encima del resto, lo cual hace que este movimiento sea políticamente muy interesante a diferencia de otros casos, como Irán en el 79, donde sí había líderes visibles que llevaron al país hacia una transición que desembocó en la actual República Islámica de Irán.

De no ser por Facebook y Twitter, ¿Mubarak seguiría en el poder?

Bueno, lo que podemos decir es que la importancia del Facebook, del Twitter y de las redes sociales en su conjunto está siendo fundamental. Está habiendo un gran cambio en este sentido, y no solo porque se estén usando para convocar manifestaciones. Lo que ha cambiado es que puede haber una politización en las redes sociales, algo que no ocurría antes con otros medios de comunicación. Sin embargo, lo verdaderamente fascinante es que nosotros podemos ser parte de las protestas, entre comillas, porque podemos seguir las revueltas en vivo a través de estas redes. Es decir, podemos formar parte de la historia sin estar presente. Y por ello, las redes sociales son parte fundamental para entender la nueva organización social; son un instrumento mucho más libre y democrático que cualquier otro. Tanto es así, que lo primero que hacen los gobiernos dictatoriales es censurar el uso de Internet. Sucedió en Egipto, donde la cadena de televisión estatal evitó imágenes de la revuelta, por lo que Twitter y Facebook fueron básicamente las herramientas de muchos egipcios para saber qué estaba pasando. Y eso, desde mi punto de vista, si supone una revolución radical.

"Egipto está listo para una democracia. Negarlo es adoptar una postura colonialista"

Miremos por un momento al futuro. Por un lado se habla del 'modelo de Irán' como una república islámica para Egipto. Sin embargo, hay muchas voces que también abogan por el 'modelo turco' de república laica. ¿Cree que algunos de estos modelos serían posibles en un país como Egipto?

Más que el modelo turco o el iraní, lo conveniente para Egipto sería el 'modelo egipcio'. Creo que la sociedad egipcia está lo suficientemente madura para explorar caminos propios. No obstante, Egipto ya tiene un alto grado de laicidad. No olvidemos que el actual régimen a pesar de ser dictatorial, es un régimen laico. Por tanto, no veo que un nuevo gobierno suponga una ruptura radical con este modelo. Por el contrario, creo que se enriquecería, con un gobierno democrático y un juego parlamentario mucho más participativo. No debemos tener miedo a ver un Egipto laico y en funcionamiento. Los temores sobre la islamización no tienen fundamento real. Son especulaciones al aire.
Por otra parte, le diré que el llamado 'modelo turco' es un modelo altamente militarizado. No olvidemos que, de cuando en cuando, los militares levantan la ceja cuando alguna medida del primer ministro turco Erdogan no les convence. Entonces, el problema en el Medio Oriente no es la religión, sino la militarización. Por lo que lo deseable para Egipto o para Oriente en su conjunto es una transición a la Latinoamericana; esto es, pasar de regímenes altamente militares a regímenes civiles. Un primer acercamiento sería, claro está, que haya elecciones libres. Pero después, el siguiente paso sería que, como ya apuntamos, el ejército regresara los cuarteles para vigilar la seguridad nacional, no para decidir el rumbo político del país o intervenir en los asuntos del Estado. Es decir, no puede haber una transición completa en Egipto si el Ejército no hace una transición completa. Y lo mismo sucede para el conjunto del Medio Oriente: no podrá democratizarse si el Ejército no vuelve a los cuarteles. De lo contrario, estaremos ante una democratización ad hoc, que es lo que sucede con el caso turco, donde es cierto que sí hay elecciones más o menos libres y hay un cierto juego democrático donde se nos presenta una cara laica, pero donde el ejército sigue controlando muchas de las decisiones del Estado.

Entonces, ¿no estaríamos realmente hablando de una democracia como tal?

Bueno, representaría una democratización ad hoc y no una verdadera democratización del Medio Oriente. Y esto es, precisamente, lo que quieren Estados Unidos y los gobiernos europeos. Es decir, que sí haya un cierto juego democrático donde se celebren elecciones, pero que el Ejército siga manteniendo el control del país por si, por ejemplo, algún gobierno decidiera nacionalizar el petróleo.
En definitiva, no basta con que se celebren elecciones. Debe haber una transición dentro del Ejército para que exista una verdadera democratización de Oriente. Porque si mañana los militares vetan que ganó el partido equis o el partido i, eso no es una democracia, es una pantomima.

"¿Modelo turco o iraní? Lo deseable sería el modelo egipcio. La sociedad está madura para emprender su camino"

¿Podría extenderse el llamado 'efecto Túnez' a otros países como Argelia, Siria, Marruecos, Libia, o incluso la propia Palestina?

Yo no soy partidario de la teoría del llamado 'efecto Túnez' o 'efecto dominó'. ¿Por qué? Porque lo que está sucediendo en Egipto viene de meses atrás. Tenemos en este sentido lo que sucedió en noviembre durante las fraudulentas elecciones al Congreso, lo cual generó un gran descontento y desconfianza en la población egipcia. Tenemos también un atentado en Alejandría a finales de diciembre en contra de la comunidad copta, lo cual desembocó en manifestaciones en Alejandría y El Cairo a favor de esta comunidad y del modelo de convivencia laico. Y en ese interciso ocurre lo de Túnez, que tiene su lógica propia. En cuanto a Palestina, en el caso de que se produjera una coyuntura similar a la que se vive ahora en Egipto –por ahora las manifestaciones han sido absolutamente prohibidas, incluso para apoyar al pueblo egipcio-, habría en primer lugar que ver cuál es la reacción en la calle. No olvidemos que en estos momentos hay una gran división entre la parte que representa Hamás en Gaza y la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania.

Pero, ¿no ve ciertas similitudes entre las revueltas en Túnez y Egipto?

Es cierto que los manifestantes egipcios se pudieron inspirar en lo sucedido en Túnez, pero el problema en Egipto es local; es el desgastamiento de un régimen combinado con el aumento de los precios de los alimentos, la caída del poder adquisitivo y la falta de oportunidades para los jóvenes. Entonces, en mi opinión no hay cabida para una teoría del dominó o un posible 'contagio' (seguramente en Arabia Saudí unas protestas así no tendrían éxito debido a que se trata de un régimen mucho más sólido que el egipcio), mientras que, por el contrario, sí podemos hablar de dos fenómenos que tienen lógicas propias que ocurren simultáneamente.

"No debemos tener miedo a un Egipto laico. Los temores sobre la islamización no tienen fundamento"

¿Cómo afecta la situación en Egipto a México?

Principalmente, a México le afecta por la cuestión del petróleo, cuyo precio ha ido aumentando desde que inició la crisis. En este sentido, no olvidemos que gran parte del petróleo de la Península Arábiga pasa por el Canal de Suez hacia Europa, lo cual está provocando alzas en su precio y ello puede repercutir también en el precio del petróleo mexicano. Pero no es solo la única consecuencia. Como anécdota histórica, sabemos que Nasser, al tomar el poder, pidió asesoría al gobierno mexicano de aquel entonces para formar el nuevo estado egipcio. Entonces, la relación entre México y Egipto de manera política, aunque nuestra transición ocurrió hace diez años, es vital para entender en un espejo lo que podría haber ocurrido en nuestro país hace una década de no haber tenido lugar una transición.

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EL EXPERTO
José Alberto Moreno Chávez es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Doctor en Historia por el Colegio de México (COLMEX); se desempeñó como Fox International Fellow en la Universidad de Yale y actualmente es miembro del Posdoctorado del Colegio Internacional de Graduados Entre Espacios en la Universidad Libre de Berlín.


(En breve, la segunda parte de la entrevista con José Alberto Moreno Chávez, experto en Relaciones Internacionales, donde analiza la situación de Israel y el papel de Estados Unidos en el nuevo Egipto pos Mubarak)

martes, 8 de febrero de 2011

Diarios de un Vocho: Viaje a la Frontera (Parte II)


Insomnio en la calle Varsovia

4.00 AM

Calle Varsovia, Ciudad de México.

Es que no falla, oiga: la noche previa a subirme a uno de esos lápices de aluminio con alas, no pego ojo. Lo que se dice ni gota, vamos. Ni con infusiones de valeriana, ni remedios caseros de la abuela, ni con tu tía. Nada de nada. Y claro, aquella fría madrugada, como sospechaba, no iba a ser menos. De hecho, aún quedaban varios minutos para que saltara la primera de las cinco alarmas que había programado en el despertador, cuando decidí que ya no tenía nada que hacer entre las sábanas viendo los edificios desde la ventana. Así que di la última vuelta en el colchón y puse los pies en el suelo de la moqueta para arrastrarme cuan zombi por el departamento con los pelos revueltos, los ojos hinchados y rascándome la coronilla.

Caminé a tientas. Envuelto entre tinieblas, golpeándome aquí y allá y soltando algún que otro improperio en arameo. En la cocina, un inconfundible olorcillo a gas flotaba por el ambiente. Encendí la luz y vi que los platos sucios de la noche anterior aún permanecían sumergidos en el agua. Encima del refrigerador, el reloj del estéreo marcaba las cuatro de la madrugada con grandes cifras digitales en amarillo, mientras la cafetera comenzaba a regurgitar las primeras gotas de café caliente. Clap, clap, clap.
En las noticias aún no había nada extraordinario. Demasiado temprano, incluso para las desgracias. Seguí girando el dial sin encontrar nada y desde la puerta de la cocina observé el largo pasillo oscuro que llegaba hasta el balcón. Caminé a través de él con cuidado de no golpearme de nuevo sintiendo el suelo frío, helado, a mis pies. Corrí las cortinas y pude ver los rascacielos de Santa Fe en completo silencio durante unos minutos. En la calle no había ni un alma. Ni un coche, ni una voz. Nada. Solo una patrulla de Policía que pasaba con las luces encendidas por la avenida de Chapultepec y un gato negro que maulló tres veces para luego esconderse entre los botes de basura de un callejón oscuro.
La maleta ya estaba lista y puesta en la puerta. Regresé rápidamente a la cocina y terminé el café que había dejado a medias en una taza negra con la cara de Pedro Infante. El reloj digital marcaba ahora las cuatro y media de la madrugada. Abrí el ropero, agarré el abrigo de faena más robusto que tengo –una cazadora gris tipo bomber, con capucha forrada en piel y mil bolsillos donde guardar grabadora, libreta pequeña y demás menesteres- y puse el pasaporte del Reino de España en mi cartera junto a unas monedas desperdigadas y el boleto de avión para Monterrey. Era la hora de partir.

Llamé al ascensor y de inmediato aquella siniestra maquinaria se puso en marcha. Segundos después, y tras un sonoro clank metálico, el orificio de la puerta de hierro se iluminó. La abrí lentamente y entré. De nuevo, la caja de hierro impulsada por unos cables de acero se puso en marcha hasta dejarme en el lobby del edificio. Abajo, en el sofá de la entrada, el portero dormía plácidamente cubierto con una manta que le cubría hasta las cejas. Pasé por su lado con cuidado de no hacer ruido y abrí la puerta de madera de la entrada. Afuera, el cielo lleno de estrellas estaba abierto de par en par. El frío era desgarrador. Los mendigos se tapaban como podían con cartones y periódicos resguardándose en el portal del edifico de la Secretaría de protección de datos, y las prostitutas –o prostitutos- de la esquina habían terminado antes su jornada laboral dejando completamente solitaria y sin vida la concurrida calle Varsovia.

Tan solo en el callejón oscuro, el gato seguía maullando.

jueves, 3 de febrero de 2011

Diarios de un Vocho: Viaje a la Frontera (Parte I)


El Preludio: 'We will never forget it'

11.34 AM.

Oficina de la Border Patrol en Laredo, Texas.

Como si se tratara de una advertencia para todos los que allí formábamos una larga fila que salía hasta la calle, un enorme cuadro con la bandera estadounidense, las Torres Gemelas aún en pie, y el emblema "We will never forget it" presidía la sala. Se trataba de una habitación pequeña, con unas cuatro o cinco ventanillas donde sólo un agente aduanero atendía a cientos de personas con cara de cansancio. Para colmo, no había aire acondicionado y por el ambiente flotaba un olor a carne al pastor que ponía denso –más aún- la viciada atmósfera de aquella mini-oficina de la Border Patrol de los Estados Unidos de América. La tierra, dicen, de la libertad y las oportunidades.

Lentamente, y después de que el personal de la aduana hiciera un largo break para comer, la fila fue avanzando. Delante de mí, una señora rubia bien perfumada de unos cincuenta años de edad, hacía su mejor esfuerzo platicando en spanglish con uno de esos agentes con apellido Sánchez o Rodríguez, cara de latino a más no poder pero de nacionalidad gringa, que la miraba al otro lado de la ventanilla con cara de póker. "A mí que me estás contando", parecía pensar en inglés o en español, o en una mezcla de ambos. Sin embargo, a pesar de las malas sensaciones que aquella mirada inerte le transmitía, la güera no se daba por vencida y comenzó a sacar papeles de la bolsa mostrando unas facturas del recibo de la luz y el agua que acreditaran que, en efecto, era de confianza y merecía el Visado para entrar del lado estadounidense. "Mire Sir, yo estuve viviendo hace quince años en Fénix, Arisona, do you know?". Pero el agente seguía impasible y con su gesto de no me cuentes tu vida, hasta que acertó a decir con un tono ni sancionador ni compasivo, sino neutro, como si fuera la voz de una de esas máquinas expendedoras de tabaco: "Señora, usted tiene cuentas pendientes con la justicia de los yiu-e-sei. No ha pagado varias multas por conducir en estado indebido".

La güera empalideció al momento. "No, mister… mire… eso fue hace many yiars agó. Plis, tiene que entender". Pero ciertamente, comprender a las personas no era el trabajo de aquel agente. Así que con un leve suspiro sacó del cajón el sello de 'entrada denied' y se lo estampó sin parpadear siquiera. ¡Pom! Permiso denegado. Por lo que a aquella mujer que había delante de mí, de unos cincuenta años y con su perfume de gala, no le quedó más remedio que recoger sus facturas y sus lágrimas por no poder reunirse de nuevo con su marido allá del otro lado y abandonar la fila entre sollozos, mientras el oficial de apellido español y cara de póker me hacía un gesto seco con la mano y gritaba: "¡Next!".

jueves, 30 de diciembre de 2010

Los libros del 2010... y los que vienen


Manuel Ureste / Vivir para Contarlo

Yo no sé ustedes. Pero a mí me encanta echarle de vez en cuando un vistazo a mis libros. A esa minúscula biblioteca que en realidad no es más que una humilde estantería adornada con algunas historias y una réplica en miniatura de la Torre Eiffel que mi cuñada me trajo de París. Pero me gusta observarlos, como les digo. Manosear sus tapas. Respirar el aroma que encierran entre capítulo y capítulo. Pasar de nuevo sus páginas lentamente recordando su esencia. Ver la fecha y el lugar donde nos embarcamos juntos hacia ese mar desconocido de cientos de páginas por descubrir y sentirlos de nuevo sobre mis manos para traer de vuelta aquellas largas noches de invierno, donde personajes como el intrépido Jonathan Harker, el borracho Hank Chinaksy, o el Maestro de Esgrima Jaime Astarloa me acompañaban bajo la luz tenue de una lamparita de mesa.

Pero vayamos al tema. A los libros.

Bien, lo cierto es que 'librísticamente' hablando –menudo palabro me acabo de sacar de la manga-, el 2010 ha sido un buen año. Es más, diría que ha sido un excelente año. Tal vez el mejor hasta ahora. Y es que por mi cómoda ha pasado casi de todo: desde clásicos del terror como Drácula, de Bram Stoker, o El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, a grandes obras del misterio como El Valle del Terror, del legendario autor escocés Arthur Conan Doyle, pasando además por reportajes de investigación como El Palestino, de Toni Salas, o hasta por ensayos de actualidad política como El Narco: la guerra fallida, de Jorge G. Castañeda.

Ahora bien, si este 2010 destacó por algo, fue por ser el año de la novela negra o de la novela de 'intriga' si lo prefieren. De hecho, que recuerde bien, he leído Malasuerte en Tijuana, primera obra del mexicano Hilario Peña –la trama y el estilo de redacción no pasarán seguramente a la historia de la Literatura, pero tiene un gran sentido del humor (me partí de la risa varias veces)-; las novelas del cartagenero Pérez-Reverte El Pintor de Batallas, La Tabla de Flandes, y El Maestro de Esgrima; la ya mencionada El Valle del Terror, de Conan Doyle, padre del detective por excelencia Sherlock Holmes; y la Trilogía de Nueva York, del norteamericano Paul Auster. Todas, en su estilo, me aportaron algo. Sin embargo, creo que destacaré Trilogía de Nueva York. Una novela de no-detectives realmente inquietante. De esas que la terminas y no sabes muy bien qué sensación te queda en la boca. Aunque, precisamente, ése es su encanto: que no es la típica novela de detectives. Para empezar, en la primera historia –Ciudad de Cristal, para mi gusto la más interesante- ni siquiera un detective la protagoniza. Se trata de un escritor –ya retirado- que tuvo cierto éxito hace años tras la publicación de un par de novelas y que una noche cualquiera recibe una inquietante llamada de un tipo adinerado con problemas mentales que le quiere encargar un caso confundiéndolo con un tal Paul Auster –nombre del autor de la obra-. Por supuesto, el escritor –Quinn- rechaza varias veces el trabajo… hasta que decide que no tiene nada mejor que hacer. Y acepta. Como les decía, una novela que merece mucho la pena leer donde, además de esta trama desconcertante –un auténtico juego de espejos-, Auster describe la ciudad de Nueva York -sus calles interminables, el Central Park y sus vagabundos, los barrios más oscuros, esas pensiones de mala muerte de unos pocos dólares la noche, los bares de meseras con la jarra de café en la mano, hamburguesas grasientas que prepara un tal Joe y conversaciones sobre el último partido de los Mets- con gran maestría. Totalmente recomendada.

En cuanto a mi 'primo' cartagenero Arturo Pérez-Reverte –como ya sabrán los cuatro lectores de este blog es uno de mis autores predilectos, de hecho el año pasado elegí La Reina del Sur como la obra del año en VPC-, destacaré Cuando éramos honrados mercenarios. Su última compilación de artículos publicados entre los años 2005 y 2009 en la revista dominical XL Semanal. Y bueno, qué puedo decir. Que para mi gusto, los artículos del cartagenero son excelentes. Por su estilo y, sobre todo, por su crítica mordaz generalmente dirigida a la clase política de esa 'puta España pasmo de Europa y líder de Occidente', mezclada con un sarcasmo muchas veces humorístico pero con un fondo corrosivo (casi destructivo). Sin embargo, no sólo hay crítica hacia esos 'gilipollas y gilipollos' que tanto juego le dan cada domingo. Entre las más de seiscientas páginas del libro también hay espacio para el recuerdo nostálgico de aquella España que pudo ser y nunca fue, anécdotas cotidianas del escritor en sus paseos por la vieja Madrid o en el 'Bar de Lola', historietas de sus tiempos como corresponsal por la antigua Yugoslavia, reflexiones sobre la Mar y de aquellos lejanos días en los que los marineros bebían vino en la taberna (a diferencia de los Zaplana de polo rosa Ralph Lauren y moreno de Ibiza de hoy día), recomendaciones sobre este u otro libro o sobre esta o aquella película… En definitiva, una obra excelente y clara favorita para ser el libro del 2010 en VPC… pero no nos adelantemos.

Porque aún no hemos hablado del señor Conde Drácula, el Príncipe de las Tinieblas protagonista de la obra de terror por excelencia de Bram Stoker. Sin duda, una de las novelas que más me ha marcado en este año que está por terminar y a la que estuve permanentemente enganchado –como si el misterioso y diabólico Conde hubiera ejercido (tal y como hace con las criaturas de la noche) su poder hipnótico en mis pupilas sedientas de más y más páginas- noche tras noche. Además, el post que dedicamos a esta novela –'Drácula merecía otro final'- es el segundo más visto en este 2010 por los seguidores de Vivir para Contarlo –por cierto, el que dedicamos a La Reina del Sur en junio de 2009, es el post más visto del blog desde su creación en julio de 2008-. Así que, sin riesgo a equivocarme –no lo haría con Pérez-Reverte, ya que es un autor que genera muchos sentimientos encontrados: o te fascina, o lo odias-, recomiendo este clásico de la Literatura de Terror que es obligado en cualquier biblioteca.

Y hablando de vampiros, no está nada mal la llamada Trilogía de la Oscuridad, del genial Guillermo del Toro y del estadounidense Chuck Hogan. Entre julio y agosto, casi del tirón, leí Nocturna y hace un mes terminé Oscura, la segunda parte de la serie cuya tercera y definitiva entrega está por ver la luz. En cuanto al argumento, éste es claramente comercial –El Amo sale de entre las tinieblas para, a través de un poderoso virus, propagar una nueva raza de vampiros sobre La Tierra- pero está escrita con un estilo francamente adictivo y muy bien construida –el comienzo de la historia, cuando un enigmático avión aterriza con cientos de cadáveres a bordo, es de lo mejor-. En fin, no es Drácula, pero tampoco Crepúsculo. Léanla.

Y tampoco podemos olvidarnos de los grandes maestros que como Saramago, Benedetti o Bukowski volvieron a pasar por mi buró. Del maestro portugués leí Caín, su última novela, del uruguayo La Tregua –con esta obra tenía una cuenta pendiente desde hace años, pero al fin la terminé-, y de Bukowski, después de la gran sorpresa que fue para mí Pulp, leí Factotum, novela en la que Hank Chinaski cuenta sus peripecias entre copas, mujerzuelas, trabajos basura y más copas. Otra obra maestra –para el 2011 planeo leer Cartero-.

Sin embargo, en el 2010 también hubo alguna que otra decepción. O decepciones. Es el caso de la novela Adán en Edén, del mexicano Carlos Fuentes. Primera obra, por cierto, que leí este año. En esta ocasión Fuentes nos trae una 'novela periodística' donde habla de capos de la droga, corrupción, violencia y demás etcétera. Todo pintaba de maravilla con esos ingredientes. No obstante, nunca conecté con la trama. Pasaban las páginas y sus personajes inmersos en revoluciones violentas, luchas por el poder y demagogias mareaban tanto la perdiz que jamás me introduje en la historia. Demasiada mezcla de realidad y ficción y viceversa para mi gusto. Acabas mareado.

Otra novela, también de Carlos Fuentes, que me dejó un mal sabor de boca –de hecho, me costó mucho terminarla- fue La Frontera de Cristal. Una obra compuesta de varias historias diferentes que tienen como punto común la frontera entre México y los Estados Unidos de América. Debido a que esta temática me interesa mucho –también leí El Muro de la Vergüenza, de Miguel Escobar Valdez, buen trabajo aunque me dio la impresión de que, en realidad, es una compilación de datos sacados de estadísticas, estudios académicos, etc., y que por el contrario hay pocos testimonios directos de la barbarie que padecen los indocumentados en su largo camino hacia la frontera Norte- decidí leerlo. Pero me aburrió bastante. Este año, a diferencia del 2009 cuando leí La voluntad y la Fortuna y la excelente Aura, no fue el año de Fuentes. Al menos, no para mí. Y eso que su estilo me encanta. Tal vez, simplemente no conecté con estos dos títulos. Pero ya tengo La Silla del Águila en lista de espera.

En definitiva, como les decía al principio con ese palabro sacado de la manga, 'librísiticamente' el 2010 fue un año bueno. Excelente. Tanto, que me cuesta mucho elegir un libro de entre los veintitantos que pasaron por mis manos. De todos recordaré siempre algo –incluso de los no mencionados como Fiesta en la Madriguera, primera y más que prometedora novela del mexicano Juan Pablo Villalobos, en la que se nos presenta el mundo del 'narco' a través de los ojos, no tan inocentes, de un niño hijo de un capo de la droga. O el clásico La Isla del Tesoro, de Stevenson, con la que pasé hermosas noches imaginándome en la taberna del Almirante Bembow tomando unos rones con el pirata Billy Bones y compañía-. Sin embargo, elegiré uno. Aunque me duela. Y lo elegiré por todas esas horas que me hizo reír a lágrima suelta en mi almohada, por esas reflexiones nostálgicas de ese tiempo pasado que, tal vez, no siempre fue mejor, y por aquellas historietas del 'Bar de Lola' tan del espíritu de Vivir para Contarlo. Sí, el libro del año 2010 para este blog es Cuando éramos honrados mercenarios, de Arturo Pérez-Reverte.

Y poco más que añadir. Diré que para el 2011, que ya está a la vuelta de la esquina, espero ampliar aún más esa humilde biblioteca adornada con unos pocos títulos y la Torre Eiffel de París que me trajo mi cuñada Claudia. Seguramente, llegarán nuevos maestros como el Nobel Mario Vargas Llosa –recién acabo Los Jefes-, Kapuscinski, Graham Greene –leeré Nuestro hombre en La Habana-, William Faulkner y algún que otro clásico como Los viajes de Marco Polo, novela que acabo de adquirir en su edición de 1964 en una de esas ferias ambulantes que aparecen y desaparecen por el DF. Pero eso, ya será otra historia por contar. Una historia que, junto a esos entrañables personajes de almohada, escribiremos en este blog noche tras noche. Página tras página.

Feliz año nuevo 2011.

Vivir para Contarlo


Los libros del 2010

Adán en Edén, Carlos Fuentes

La Fontera de Cristal, Carlos Fuentes

Caín, José Saramago

Nocturna, Guillermo del Toro/Chuck Hogan

Oscura, Guillermo del Toro/Chuck Hogan

La Tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte

El Maestro de Esgrima, Arturo Pérez-Reverte

El Pintor de Batallas, Arturo Pérez-Reverte

Cuando éramos honrados mercenarios, Arturo Pérez-Reverte

La Tregua, Mario Benedetti

El Valle del Terror, Arthur Conan Doyle

Factotum, Charles Bukowski

El Palestino, Antonio Salas

La Isla del Tesoro, Stevenson

Drácula, Bram Stoker

El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde

Temporada de Zopilotes, Paco Ignacio Taibo II

Zapata, Ángel Palou

El Narco: la guerra fallida, Jorge G. Castañeda

Fiesta en la madriguera, Juan Pablo Villalobos

Trilogía de Nueva York, Paul Auster

Malasuerte en Tijuana, Hilario Peña

El Muro de la Vergüenza, Miguel Escobar Valdez

Historias desconocidas del Bicentenario y la Revolución, Trino

Bitácora Sentimental, Othón Arróniz

Los Jefes, Mario Vargas Llosa


lunes, 13 de diciembre de 2010

Los invisibles


"Solo voy con mi pena
Sola va mi condena
Correr es mi destino
Para burlar la ley
Perdido en el corazón
De la grande 'babylón'
Me dicen el clandestino
Por no llevar papel"
Manu Chao, 'Clandestino'


Pues sí, oye. Cómo pasa el tiempo. Ya se fueron más de dos años como el que no quiere la cosa. Dos largas y cálidas primaveras desde que visité La Patrona, en el municipio veracruzano de Amatlán de los Reyes. Lugar al que, como alguna vez he comentado desde esta ventana, le tengo especial estima y donde cubrí uno de mis primeros reportajes como periodista en México acerca de los indocumentados centroamericanos que van rumbo a los Estados Unidos de América. La tierra, dicen, de las oportunidades.

Y como les decía, el tiempo no espera. Hace más de veinticuatro meses, unos setecientos y pico días, desde aquel entonces. Sin embargo, les confieso que de vez en cuando me da por tirar la vista para atrás y recuerdo aquella tarde de un caluroso mes de julio como algo muy especial. Como una experiencia que, dejando la grabadora y la cámara a un lado, me 'tocó' como persona. Tanto, que todavía hoy le sigo echando un vistazo a aquellas fotos que tomé en compañía de mi buena amiga Denise Luna del Rivero y me pregunto qué habrá sido de ellos; qué suerte correrían aquellas caras cansadas, pero sonrientes, que aún miran al objetivo de mi cámara con sus polos falsos de Ralph Lauren –con las siglas U.S.A. bordadas- y alzan la mano en señal de victoria. ¿Alcanzarían su destino? ¿Harían realidad el sueño americano?

Pues quién sabe, me digo. Quién sabe.

Sin embargo, vamos a ser sinceros: lo más probable es que muchos se quedaran en el camino, engrosando las estadísticas más nefastas de la Border Patrol de Arizona, deshidratados, con la lengua acartonada chupando hasta las piedras y el galón de agua vacío sobre la ardiente arena del implacable desierto de Sonora, mientras el 'pollero' de turno decide por su cuenta seguir adelante –"aquí no se espera a nadie"- con los pesos del muertito a buen recaudo.

O vaya usted a saber.

Tal vez algunos de esos hombres que en estos momentos me miran con esperanza desde la fría pantalla de mi computadora, murieron al caer –si es que no los tiraron- del ferrocarril. Degollados, chas, chas. Sin tiempo de decir ni mú y abandonados sobre las vías, como perros. O ya, si nos ponemos en plan dramático, puede que muchos otros terminaran sus días víctimas de la tortura de los múltiples grupos criminales que se disputan el 'negocio' de la trata de personas procedentes de Centroamérica, mientras las autoridades (dicen que) policiales cobran su 'mordida' y miran para otro lado. Fiu. Fiu.

Pero está bien. Seamos optimistas, pues.

Pensemos por un momento que sí, que la libraron. Y que quizá 'solo' fueron deportados en la frontera este de México, allá entre Reynosa y McAllen, en San Antonio, Texas, por donde cruza el famoso Río Bravo. O que tal vez lo intentaron por el lado oeste. Pasando primero por Tijuana y burlando a 'la migra' hasta llegar a San Clemente, California, –donde cuenta el famoso corrido de Los Tigres del Norte que Camelia la Texana y un tal Emilio Varela llegaron con las llantas del carro repletas de 'yerba mala'-. Y, a lo mejor, después de que fueran 'cachados' todo quedó en un simple warning; es decir, en una seria advertencia, muy educada eso sí, y siempre respetando los derechos humanos del indocumentado –nice try mister mexican… but por favour amigou, don´t go back again!-, y unas palmaditas maternales en las pompis. Plas, plas, you bad boy!

O imagínese. Tal vez algunos lo lograran y estén a estas horas ganando buenos dólares en las fábricas de Nueva York; o labrando las tierras de Wisconsin; o chambeando de barman con pintas modernas en Los Ángeles; o a lo mejor hasta de relaciones públicas guaperas en una discoteca de Miami Beach, sacándole plática a las güeritas de ojo azul en 'spanglish' mientras se llena el bolsillo de buenas propinas con la cara del tío George. ¿Qué tal? O, incluso, quién no te dice que algunos de esos chavos que captó mi cámara con sus playeras chafa del Manchester United y el Barça, rotas y llenas de mierda, no 'la están haciendo' en Hollywood. ¿Eh? Con la Longoria y la Jennifer López, tú. Dando paseos en su carro último modelo por Beverly Hills, 90210, mientras le mete mano a Paris Hilton en el semáforo de la esquina. El tío chingón.

Sin embargo… tal vez todo esto sea mucho decir. O imaginar. Porque lo cierto es que no sabemos qué habrá sido del destino de cada una de aquellas personas que un caluroso día de julio abarrotaban un ferrocarril a su paso por La Patrona clamando, "¡por el amor de Dios!", ayuda a gritos.

Sí, puede que 'la hicieran'. O, como ya hemos planteado, hay muchas posibilidades –con múltiples variantes, a cuál de ellas más escalofriante- de que no fuera así. Aunque…, a fin de cuentas, dígame una cosa: ¿a quién le importa?

A (casi) nadie.

Será porque esos trenes pasan a diario y ya no nos 'toca'; no nos 'mueve el piso'. Es que nos acostumbramos a la barbarie, alegamos. Al disparate. A convivir con balaceras en centros comerciales y a compadrear con la violencia y los violentos. La normalización del drama, dicen. Como cuando hace unos años en el metro de Barcelona un gilipollas le soltó una patada en la boca a una chica sudamericana sin ningún motivo. Así nomás. Placa, placa. Por mis lereles, oye. Mientras el resto del vagón –la agresión fue grabada por la cámara del convoy- miraba la escena con cara de a mí que me registren. Yo, ni vela tengo en el entierro.

Sí, la normalización del drama, exponen los entendidos. O nos la refanfinfla, si lo prefieren. Ya saben, que bastante tengo yo con lo que tengo encima y todas esas cosas. Por eso preferimos cambiar el canal, o pasar la página del periódico para buscar la última polémica sobre si la 'espaldinha' de Cristiano Ronaldo contra el Atleti procedía o no, y así luego tener algo de qué hablar con los amigos en el Bar de la esquina. Y oiga, si en Irak se caen a tiros, pues allá ellos. A mí qué me estás contando, chaval. Que no hubieran empezado.

Y así pasa con los 'ilegales', por ejemplo. No nos vayamos a Islamabad. Ni a Pyongyang. Ni a Kuala Lumpur. Porque de lo que este artículo habla está sucediendo en las vías del tren. Puede que incluso al lado de su casa. Donde la rutina del paso diario de cientos de ferrocarriles cargados de personas que buscan un futuro menos incierto los ha convertido en eso, rutina. En algo monótono y de lo más cotidiano. Como el que oye llover, vamos. Como si ya formaran parte del paisaje urbano de las ciudades que van atravesando rumbo al Norte, donde nadie voltea para verlos porque, aseguran, ya se acostumbraron. O porque como diría el redactor jefe de turno encogiéndose de hombros: " ya no son noticia".

Y es cierto: los indocumentados dejaron de ser novedad hace tiempo. Sus reportajes pasaron de moda hasta nuevo aviso, o hasta que un tren descarrile provocando una gran catástrofe. O al menos hasta que los criminales organizados y desorganizados inventen una nueva y revolucionaria forma de hacer la vida imposible –nunca mejor dicho- a estos sujetos mitad humanos, mitad mercancías. Mientras tanto, no son novedad para los titulares. Ya no existen. Ahora son solo un rumor. Un eco. Un lejano murmullo en la noche fría, "callada y constelada".

Por eso ya nadie los mira. Nadie los ve.

Son invisibles.

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Puedes ver las fotografías de este artículo en http://nomadas.abc.es/galeria-de-fotos/vamos-pal-norte/, la red social de fotografía del diario ABC (España), donde participo con mi galería 'Vamos pal Norte'.

Además, os dejo el video en el que colaboré con mi buena amiga y compañera Denise Luna del Rivero.



Pd: si queréis leer el reportaje original que fue publicado en diario El Mundo de Córdoba, escribir en el buscador del blog 'Diarios de un Vocho: la Patrona, la esperanza'.