La verdad, nunca fui muy amigo de los pajarracos ni de ningún ave en especial. Aunque para ser más exacto diré que, en realidad, nunca me llamaron la atención. Vamos, que ni fu ni fa. Mi padre acostumbraba -y acostumbra- a llenar el patio con varias jaulas de canarios año tras año. Se moría uno, venía otro. Compraba uno, le regalaban otro. Y así hasta el día de hoy -y que siga-. Pero a mí lo cierto es que, como digo, nunca me dijeron gran cosa. Es más, centrado como estaba en el perro que siempre me acompañaba en aquellas largas tardes de estudio dándole patadas a un balón de plástico -sí, así estudiaba- creo que no les puse ni una vez de comer ni beber. Y ya ven. Hoy aquí les comparto una breve exposición de fotografías sobre pájaros tropicales (que para ser justos, poco o nada tienen que ver con los canarios de mi patio). La tomé hace un par de semanas cuando, husmeando por aquí y allá, me encontré con un 'aviario' en Playacar (en Playa del Carmen, Cancún), a escasos metros de una hermosa playa caribeña. La entrada (300 pesos por barba, unos 23 euros a buen ojo) me pareció un atraco a mano armada, pero la curiosidad y la gana de darle un rato al 'click' me hizo aflojar la ya de por sí mermada billetera. Y oigan, qué belleza. Me quedé fascinado con la guacamaya roja y el tucán -el cual, por cierto, hizo un vuelo rasante directo hacia mi cabeza a modo de bienvenida cuando entré en su 'jaula de vuelo'-. El resto del recorrido no estuvo mal: quince minutos, a lo sumo, caminando entre flamencos, garzas, patos, pelícanos, algún que otro lagarto como el brazo de largo tomando el sol, y poco más. Pero la experiencia de ver esas coloridas guacamayas sacando a relucir su hermoso plumaje mientras posaban muy coquetas para mi cámara, bien mereció la pena.

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