lunes, 17 de junio de 2013

"Mi mamá es trabajadora sexual": Crónica desde el corazón de La Merced (Parte 1)


Las protagonistas de estas historias son madres que buscaron en la calle el sustento necesario para mantener a sus familias. Desde hace más de 20 años la Brigada Callejera del DF les brinda a estas familias ayuda sanitaria, psicológica, y de alfabetización. TEXTO Y FOTOS: por Manu Ureste


Gloria Castro lleva más de 40 años ejerciendo la prostitución en las calles del DF. //Foto: Manu Ureste



“NO NOS RESPETAN –lamenta resignada moviendo la cabeza y con la mirada de profundos ojos negros clavada en el suelo-. Ni nos respetan nuestros derechos, ni nadie nos tiene en cuenta para nada. Pero lo peor de todo –su voz suave se torna dura, metálica- es que la gente no respeta a nuestros hijos. Si voy por la calle y alguien me reconoce, empieza a chiflarme y a señalarme con el dedo sin importar que vaya acompañada de mi hija…

La mujer respira hondo. 


“Es muy difícil ser madre y trabajadora sexual. Muy difícil -levanta la vista y dibuja una mueca quebrada en la boca-. Pero esto lo hago por mi hija y mi nieta, para sacarlas adelante. Por ellas manito –se muerde el labio-, por ellas yo lo doy todo”.

A pesar de que hace ya algunos años que rebasó la cuarentena, Carmen aún conserva destellos infantiles en su cara morena de ángulos pronunciados y limpia de maquillaje. Su complexión -anota el reportero- es la de una mujer frágil; no mide más de un metro 55 centímetros, y la báscula, con esfuerzo, apenas alcanza los cincuenta kilos.

“Llevo ocho años como trabajadora sexual, aquí en La Merced. Mi hija sabe a qué me dedico desde los siete años de edad; ella venía a la escuela aquí en el centro, y decidí que mejor lo supiera directamente por mí y no por alguno de sus compañeritos. No quería que le dijeran ‘oye, mira que tu mamá salió de tal hotel’, o que ‘tu mamá es tal por cual’. Así que mejor yo se lo dije; creo que lo tomó con bastante naturalidad. Sabe que con este trabajo comemos”. 

Carmen se lleva las manos al pantalón tejano descolorido que viste junto a una blusa de color rojo intenso, y entrelaza con parsimonia los dedos diminutos dejándolos descansar sobre dos muslos menudos. 

De nuevo mira hacia el suelo.

“La gente es muy mala, ¿sabes? –encoge los hombros y se ajusta por tercera vez la diadema rosa con incrustaciones de cristales que le estira el pelo-. Los mismos comerciantes de aquí se meten mucho con nosotras. Y también las mamás ignorantes nos señalan y nos discriminan por hacer este trabajo. No saben por qué estamos aquí, no saben lo que hemos tenido que pasar… Hay mucha discriminación entre las mismas mujeres –lamenta-; muchas son amas de casa y nos miran de arriba abajo, como si fuéramos unas apestadas. Y no lo somos… Todos los seres humanos somos iguales. Y este es un trabajo como cualquier otro; yo no estoy ahí parada por placer”.


“Es muy difícil ser madre y trabajadora sexual. Pero esto lo hago por mi hija y mi nieta, para sacarlas adelante”
Tras pronunciar esa última frase, “yo no estoy AHÍ PARADA por placer”, Carmen mira de soslayo por el hueco de la ventana que da hacia un callejón que cruza en paralelo la calle Corregidora, en el que varios camiones cargan y descargan mercancía, mientras tres prostitutas platican entre sí a la espera de que algún cliente las levante.

“¿Hasta cuándo pienso seguir en la calle?–repite la pregunta del reportero con la mirada puesta en ninguna parte y su sonrisa permanentemente quebrada-. Hasta que mi hija tenga su carrera –responde convencida-. Porque gracias a este trabajo hemos podido salir adelante.Ella me dice que no quiere hacer la calle y que tampoco quiere ser ayudante de comerciante. Y para mí –su boca deja ver por primera vez una dentadura irregular con pronunciados picos-, es un orgullo y un reto que ella pueda cumplir sus estudios. Quiero que encuentre un buen trabajo, que salga adelante. Como madre, ese es mi mayor deseo”.


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Elvira Madrid es presidenta de Brigada Callejera del DF. En la imagen porta un cartel promocional de la marcha del Primero de Mayo con el emblema 'La esquina es de quien la trabaja' //Foto: Manu Ureste



-¡BRAVO! ¡BRAVO! 

El auditorio improvisado se pone en pie; aplaude con fuerza y pide, entusiasmado, el regreso de la artista al escenario.

-Te pareces tanto a mí, que no puedes engañarme…

Enfundada en un vestido largo de felpa negro y con el pelo recogido en un moño muy apretado, Krisna se mueve de un lado a otro gesticulando con sentimiento la letra de la canción de Lupita D’alessio.

-Sé de una tonta y que se enamoró de tiiii…

La Brigada Callejera está repleta.


El recibidor de la oficina decorada con paredes de color amarillo, verde y blanco, y empapelada de diplomas del Censida y fotografías del Subcomandante Marcos, acoge una fila de trabajadoras sexuales de todas las edades, que sale hasta la puerta del inmueble localizado a un par de cuadras del metro Candelaria. 

Todas quieren ver las mejores galas de Krisna, una trabajadora sexual transgénero, integrante de la Red Mexicana de Trabajo Sexual y del colectivo ‘Talonearte’, que ofrece un colorido show interpretando a Rocío Durcal y Lupita D’alessio para animar a “las compañeras” en el Día de la Madre. 


De acuerdo con la Brigada Callejera del DF, en la actualidad hay algo menos de mil trabajadoras sexuales en la zona de La Merced. De las cuales, unas 600 tienen entre 18 y 35 años, y entre 200 y 300 son de la tercera edad. Se calcula que unas 100 menores de edad pueden estar ejerciendo la prostitución.

Media hora después, y tras el último y definitivo bis, Krisna se acomoda el flequillo dejando al descubierto una amplia frente por la que brotan luminosas perlas de sudor. Alza la mano al aire, hace una reverencia teatral a su público para agradecer los aplausos, y abandona el escenario caminando muy lentamente, con una calculada -y ensayada- pose de diva de la canción.

“Las cosas están de la chingada ahí afuera –toma la palabra después del eco de los últimos aplausos Elvira Madrid, presidenta de la Brigada Callejera del DF-. Pero como no todo es tristeza, queríamos felicitarlas con este show el Día de la Madre. Esperamos que les gusten estos regalos –se lleva el puño cerrado a la camiseta negra que reza ‘¡Las mujeres resistimos y luchamos!’-. De veras que se los damos de coraza. Para nosotros, todas ustedes significan mucho”. 

A continuación, varios integrantes de la Brigada abren unas cajas grandes de cartón y comienzan a repartir entre todas las asistentes unos kits de productos de belleza. 

Las mujeres, sorprendidas, desenvuelven con cuidado los regalos. Les quitan muy lentamente el plástico y los observan entre sus manos con detenimiento. 

Todas sonríen y se felicitan entre sí. 

Por un día, tal vez sólo hasta que vuelven a salir a la calle, alguien las hizo sentir especiales.


*En breve, la segunda y última parte...

2 comentarios:

El Eskimal dijo...

Buena Manu. Espero con interés la segunda parte. Este tema de la prostitución va más allá de lugar común con el que todo mundo de las crónicas enfocadas a ello. Más allá de las burlas o la venta de un cuerpo espectacular de algunas mujeres que así pueden ganar un buen dinero para pagar sus estudios universitario o simplemente porque les gusta. Lo de las Brigadas callejeras está genial. Su nombre dice mucho y podría abarcar más.
Saludos.

Manu dijo...

Estimado amigo Eskimal,
muchas gracias por tu comentario. Seguimos teniendo pendientes varias pláticas. Hace poco estuvo Nacho por casa y estuvimos comentando que ya toca una reunión de buenos amigos. Te mando un gran abrazo, y sigo muy de cerca tus andanzas a través de tu blog.
Manu